«Soy cofrade y del Realejo porque así Él me eligió», dijo el pregonero del barrio, Abdel Aziz Fardouss

«Soy cofrade y del Realejo porque así Él me eligió», comenzó diciendo el pregonero de este año de las hermandades del Realejo. Abdel-Aziz Fardouss García relató sus inicios cofrades «de la mano de mi abuelo que me subió sobre un montón de ladrillos de una obra cercana para ver salir a la Borriquilla del Domingo de Ramos» y contó sus primeras experiencias cofrades «sin ningún antecedente familiar y sin tener ocho apellidos realejeños». Un pregón salpicado de anécdotas y situaciones simpáticas que el pregonero resolvió con un singular gracejo «muy granadino» no exento de su poquita «malafollá» que dejó plasmado en sus palabras y entre las que fue describiendo y piropeando a los Titulares de las hermandades del barrio principalmente a las de María Santísima, dejando muestra de su devoción mariana.
«¡Cómo cambia la vida que al final el hijo de un moro acaba pregonando la Semana Santa del Realejo¡.. si es que hoy día ya, verdad.. cualquiera», señaló al comienzo de sus palabras y tras los saludos protocolarios. Estaban siete de los ocho hermanos mayores de las cofradías del barrio y la representante del ausente, Favores. Santa Cena, Señor de la Humildad, Oración en el Huerto, Jesús de la Paciencia, Jesús Nazareno, Nuestra Señora del Rosario y Santa María de la Alhambra y el guion de la banda del Dulce Nombre presidían el altar mayor con la sola ausencia del guion corporativo de los Favores.
«En una ocasión escuché que la vida es un palio que se va alejando» y qué razón llevaba, señaló, para recordar los muchos palios y recorridos «de toda Andalucía he realizado con mi banda de música», pues el pregonero fue miembro de la Agrupación Musical del Dulce Nombre, de ahí su vinculación con su hermandad del Señor de la Humildad y con la banda de música de Pulianas a la que también perteneció. «El hecho de conocer tantas Semanas Santas quiso que marcara mi futuro académico cursando la Carrera de Antropología», recordó para reflejar el sentido de todo lo vivido en su período académico frente al criterio de muchos compañeros que no entendían sus motivaciones cofrades y sus estudios especializados en religiosidad popular como fenómeno antropológico. «Creencias, rituales y religiones» era el título de una de sus asignaturas cuyo trabajo hubo de defender en público ante la sorpresa de muchos de sus compañeros.
Aunque Abel-Aziz Fardouss ya había adelantado que su pregón no podría ser poético «porque Dios no quiso que yo dispusiera de ese don», lo cierto es que se atrevió con algunos poemas de marcado sentido espiritual y personal que fueron aplaudidos por el público que llenó el templo de las Comendadoras de Santiago, sede de la hermandad de la Oración de Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos. Habló de las casas de hermandad «como un punto de encuentro entre cofrades», algo así «como una sucursal del Reino de Dios en cada rincón de nuestro querido Realejo. Mejor no digamos casas, digamos el sitio donde nos reunimos porque nuestra verdadera casa está ahí arriba».
En suma, un pregón lleno de sentido devocional y popular, simpático y ameno, cargado de experiencias y recuerdos personales en los que el pregonero se dió por completo y que fue en numerosas ocasiones interrumpido por los aplausos de los hermanos asistentes. Al final los hermanos mayores entregaron, como es habitual un cuadro con las medallas de todas las cofradías organizadoras. El pregonero había sido presentado por Fernando Argüelles, periodista de PTV destacando los méritos que tenía para alcanzar el atril del Realejo.








