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Monseñor Gil Tamayo presidió el segundo día de cultos en honor al Señor Yacente del Santo Sepulcro

«Necesitamos ver en ese Cristo abandonado, ese Cristo pobre, despojado y crucificado a un Rey de verdad», dijo ayer en su homilía el prelado coadjutor granadino, monseñor Gil Tamayo, en el segundo día de cultos de la hermandad del Santo Sepulcro. El prelado visitó el templo de San Gil y Santa Ana, atendido por el párroco y consiliario, Manuel García, y por la hermana mayor de la corporación, Blanca Sánchez-Agesta. Monseñor Gil Tamayo señaló en sus palabras en la festividad de Cristo Rey del Universo y en concreto a los Caballeros del Santo Sepulcro «que lleváis la capa que no es ni más ni menos que la prolongación de la vestidura baustimal que la recibimos de pequeños, sea signo de nuestra identidad de cristianos» y refiriéndose al Cristo Yacente del Santo Sepulcro indicó que «es Cristo que también se prolonga en los más necesitados y mas pobres y que el Papa Francisco nos invita a tocar su carne» y alabó también la presencia de la Virgen de la Soledad en el Calvario «a la que nos dio como nuestra Madre y le hacemos caso como los novios de Canaá».

El arzobispo coadjutor de Granada celebró la Eucaristía concelebrada por el párroco y al término bendijo dos medallas de la hermandad, recibiendo una como responsable de la Iglesia Diocesana y por tanto como máximo representante de la hermandad y la otra la colocó en el cuello de David Maciá, nuevo Caballero del Santo Sepulcro que ayer juro su pertenencia al Cuerpo y a la Hermandad del Santo Sepulcro.