La cofradía del Señor de la Humildad celebró el centenario de su fundación con una salida extraordinaria hasta la Virgen de las Angustias
Granada volvió a mirar al Realejo. Lo hizo con el corazón puesto en una de sus corporaciones más señeras, la Hermandad de la Cañilla, que celebró la salida extraordinaria de su Sagrado Titular, Jesús de la Humildad, con motivo del primer centenario fundacional de la cofradía. Cien años después de aquel origen humilde y popular que dio forma a una de las hermandades más características de la ciudad, el Señor regresó a las calles en una procesión que trascendió lo meramente extraordinario para convertirse en un auténtico homenaje a la historia, la fe y la identidad de un barrio entero.
Una Plaza de Santo Domingo absolutamente llena de devotos y cofrades no solo de Granada sino del resto de la geofrafía nacional, esperaba el inicio del discurrir por las calles de la capital nazarí del paso procesional de La Cañilla. Familias enteras, hermanos de distintas generaciones, vecinos del Realejo y un amplio cortejo de hermandades y hermanos de la propia corporación del Martes Santo esperaban en las puertas del templo realejeño, y es que no era para menos: la procesión de alabanza de Jesús de la Humildad constituía el acto central de un programa conmemorativo diseñado para celebrar los cien años de vida de la hermandad.
El recorrido, concebido especialmente para la efeméride, permitió al cortejo adentrarse en rincones cargados de simbolismo. La Hermandad quiso que la procesión fuese también un homenaje al Realejo y a las corporaciones penitenciales que comparten con ella la historia y la vida cotidiana del barrio. A lo largo del itinerario aguardaban representaciones de distintas hermandades, en una sucesión de encuentros cargados de fraternidad y significado.
Las calles respondieron con una gran asistencia, llevando al Señor de la Humildad hasta las puertas de la Basílica de la Patrona, la Virgen de las Angustias, donde se realizó un rezo ante sus plantas en el interior del templo y las hermandades que acompañaban en el cortejo se despidieron.
Especial relevancia tuvo el acompañamiento musical, encomendado a la Agrupación Musical Dulce Nombre de Jesús de Granada y a la Agrupación Musical Nuestra Señora de la Encarnación de Sevilla, una combinación sonora concebida para subrayar el carácter excepcional de la jornada.
La noche avanzó entre estampas difíciles de olvidar. El Señor de la Humildad recorrió espacios emblemáticos del barrio como el Campo del Príncipe y el Señor de los Favores, mientras las luces de Granada comenzaban a dibujar la silueta de la ciudad, ayudadas por la palma real de cohetes que anunciaba el regreso a su sede.
El paso del Señor se presentaba de una manera elegante y solemne como acostumbra a hacerlo cada Martes Santo. Era exornado con un conjunto floral basado en tonos blancos y malvas, anudando un compendio de numerosos tipos de flor y portado por 147 costaleros de las dos cuadrillas de la cofradía, a las órdenes de Alberto Ortega.
La propia talla de Jesús de la Humildad lucía un nimbo de joyería donado para la ocasión, junto con numerosos presentes que las corporaciones de la Santa Cena, Ferroviarios, Rosario y la Hermandad del Rocío le han ofrecido.
Más allá del esplendor de la procesión, la extraordinaria dejó la evidencia de que la corporación ha sabido mantener intacta su esencia popular.
Jesús de la Humildad regresó a Santo Domingo, dejando a Granada con una sensación de haber asistido a una página destacada de su historia cofrade reciente, confirmando que, cien años después, el nombre de La Cañilla sigue escribiéndose con letras de devoción, tradición y sobre todo, Realejo.
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Informa: Toni Fides/ Redacción GRANADA COFRADE

































