13 de junio de 2024
Actualidad

Antonio López pregonó «Los setenta y cinco años de amor» a la Virgen de la Amargura

Antonio López inició anoche su intervención pidiendo a Dios «fe recta, esperanza cierta, sentir y conocimiento, Señor, para cumplir siempre, siempre, tu santo y veraz mandamiento». Era la exaltación del septuagésimo quinto aniversario de la incorporación de María Santísima de la Amargura a la cofradía de la Oración en el Huerto de los Olivos. La imagen de la Virgen preside el triduo de cada año por la cercanía de la festividad de la Virgen y también el presbiterio que, de manera extraordinaria se encuentra cubierto por lonas por la restauración que se lleva a cabo en él. El introductor del acto fue el hermano mayor, Mariano Sánchez, quien ofreció el templo para la interpretación de la marcha «Amarguras» al piano. Después, presentó recordando algunas de las intervenciones que ha realizado el exaltador para las cofradías de Granada destacando el pregón de Coronación a la Virgen de la Amargura en el año 2015.

«Que Dios te salve, Amargura, y felicidades Madre porque el día de ayer nacías concediéndome la gracias de nacer el mismo día», señaló el exaltador en un breve texto de poco mas de un cuarto de hora en el que exaltó la belleza de María, la Gracia derramada sobre esta tierra de Granada, pidiendo «ser un bordador para regalarle una saya hecha con hilos de amor. La aguja ha sido mi pluma esa que allá donde vaya se carga con la Pasión que siempre me dio tu amor y que por tí nunca calla».

El exaltador habló de los setenta y cinco años en la hermandad, recordó a quienes iniciaron la devoción a la Virgen en la cofradía, al pintor de la Virgen de la Amargura y diseñador de su paso de palio, Juan Díaz Losada y al bordador Javier Núñez, al tiempo que puso en el breve texto «mis recuerdos, vivencias y sentimientos que durante tantos años viví cerca del convento» al tiempo que se acordó de quien le llevaba a verla, su madre Carmelina. «Setenta y cinco años ya que aquí llegaste, Señora», indicó López González para continuar señalando todo este tiempo en el que «Granada te implora como Madre de Amargura, consuelo que al alma cura, Divina Comendadora».

En todo poético discurrió su texto destacando el «día especial que vivimos hoy» y puso en el recuerdo también el taller de las monjas que bordaron su palio bajo las directrices de la religiosa dominica sor Griselda. Las virtudes de María, el legado de amor que deja en el Realejo y los años de «tantos recuerdos de todos los que le muestran su veneración en setenta y cinco hojas bordadas como muestra de tantos años bajo su amparo», fueron el obsequio dejado en forma de texto a las plantas de la Virgen de la Amargura.

El acto concluyó con la interpretación al piano nuevamente de la marcha de Victor M. Ferrer, «Mi Amargura».